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Lunes, 10 de Marzo del 2025

Crowdsourcing en bibliotecas

Desde hace años, las bibliotecas han impulsado la digitalización de sus fondos con fines de preservación y democratización. Poner a disposición de la ciudadanía el patrimonio bibliográfico y documental resulta una tarea inabarcable para la mayoría de las instituciones dada la magnitud de esta y la escasez de recursos. Una forma de superar esta limitación es a través de la implementación de proyectos colaborativos de crowdsourcing, término que Jeff Howes utiliza por primera vez en un artículo publicado en la revista Wired en el año 2006, y que se nutre de fenómenos como la innovación abierta y la inteligencia colectiva. En líneas generales, este concepto hace referencia al proceso de externalizar una tarea que normalmente se desarrolla dentro de una organización por un agente determinado a un grupo amplio e indefinido de personas. Aunque no existe un consenso en la literatura para definirlo y su análisis etimológico tampoco resulta de utilidad (implica la unión de dos términos como “crowd”, multitud, quienes participan en la iniciativa, y “sourcing”, externalización), sí se destacan algunos elementos mínimos, como ser una multitud heterogénea e indefinida, una campaña amplia y abierta y una plataforma tecnológica que haga posible  este proceso (desarrollo de las actividades propuestas, sistema de revisión y validación, el intercambio de ideas y la creación de una comunidad).

Esta herramienta presenta  diversas tipologías.  En  base  a  la naturaleza  de  las  tareas  a  realizar  por la multitud, Enrique  Estellés-Arolas  y  Fernando   González-Ladrón-De-Guevara (2012b), proponen una  clasificación integradora:  a)   crowdcasting: quien inicia el proyecto plantea al público un problema o tarea, siendo recompensado quien lo resuelva  antes o mejor;  b) crowdcollaboration:  considera  a  las  iniciativas  donde  se produce una comunicación entre la multitud dejando relativamente al margen al “crowdsourcer”. Normalmente no existe una recompensa económica; c) crowdcontent: el público aporta su mano de obra y su conocimiento para crear o encontrar contenido de diversa naturaleza. No implica una competencia; d) crowdfunding: un individuo o una organización buscan el financiamiento por parte de la multitud a cambio de una retribución; e) crowdopinion: se intenta conocer la opinión de los usuarios sobre un tema o producto. Dentro de algunas categorías se pueden localizar subtipos. De todas  las formas de crowdsourcing hay  dos  que  están  alcanzando  un  alto  nivel  de  madurez:  coworking  o crowdworking(compartir lugares de trabajo en espacios colectivos) y el crowdfunding, donde el colaborador se convierte  en  socio,  inversor  o  mecenas.  Lo  destacable  y  el  motor  de  esta iniciativa es la aplicación de herramientas digitales para la gestión, viabilidad y transparencia del sistema de participación. (Lara, 2014). Si bien el crowdsourcing surgió en el ámbito de los negocios, se puede implementar en diversas esferas dada su flexibilidad, como  ser  las  actividades  sociales, ciencia,  en  la  industria,  incluyendo arquitectura  y  planeamiento urbano, avisos  sobre tecnología, diseño gráfico, entre otros. También hay que considerar a las  organizaciones sin fines de lucro.

Oportunidades y amenazas

La mayoría  de  las  instituciones  no  cuentan  con los  recursos  financieros,  humanos,  o  con  el  tiempo  suficiente para cumplir con los objetivos propuestos. El crowdsourcing se posiciona como una práctica para que el público participe y se involucre. Les brinda una vía para hacer algo más que sólo consumir información. Esto genera un vínculo de pertenencia, idea de “propiedad” y sentido de responsabilidad hacia el patrimonio. Además, se crean nuevas  comunidades  virtuales,  se  agrega  valor  a  los  datos,  se  construye  y  profundiza  la  confianza  de  los usuarios hacia la misma. Justamente, las fortalezas  están dadas en que son un terreno fértil para la puesta en marcha de estos proyectos ya que tienen experiencia en captar voluntarios y son confiables (Bartlet, 2014; Ellis, 2014, Holley, 2010; Kowalska, 2012; Owens, 2013; Zastrow, 2014). En la mayoría de los casos, el público que colabora en proyectos de crowdsourcing lo hace voluntariamente sin recibir  una retribución económica. Esto representa una gran  ventaja para muchas bibliotecas que cuentan con un reducido  presupuesto. Sin  embargo,  esto  no  descarta  el  diseño  de  un  sistema  de  recompensas  y  premios que pueden  estar dados por un reconocimiento social y hasta material (Holley, 2009; Lara, 2014). En el sector privado, especialmente, se plantea un dilema ético ya que las empresas ofrecen micropagos por las actividades desempeñadas, pero su ganancia es mucho mayor que su inversión. De todos modos, este aspecto no impacta tanto en  las instituciones culturales porque  están  posicionadas  como  un  bien  público.  Por  ello,  los  voluntarios pueden  estar seguros que su contribución no será explotada con fines comerciales (Ellis, 2014). Es un camino para que participen los usuarios y los ciudadanos amateurs (en el sentido positivo del término) en la creación y desarrollo de contenidos (Owens, 2013). Otro aspecto a considerar son las implicaciones que adquieren los derechos de autor en las contribuciones de los usuarios (si son originales o modifican obras previas) y las responsabilidades de las partes involucradas. Por ello, es fundamental diseñar un sistema de garantías que equilibre los derechos en un contexto de cultura digital (Lara, 2014). Las bibliotecas ganaron su reputación  preservando la  calidad  y  veracidad  de  la  información que ofrecen teniendo control sobre todo el proceso. En los proyectos de crowdsourcing se debe considerar el error humano y el tiempo que se consume para las correcciones. Es fundamental establecer sistemas de control de calidad. Otra problemática se genera por la pérdida de poder que sienten los bibliotecarios en este contexto. En este sentido, Rose Holley (2010), explica que al permitir que el público (con o sin conocimiento especializado) participe en la creación de metadatos, contenido u otra tarea, se puede percibir como una forma de sustitución de la pericia de los profesionales y del paradigma centrado en expertos. Los proyectos  de  crowdsourcing  necesitan de  recursos materiales y humanos  lo  que  trae  aparejado costos  de organización  y  coordinación.  Primeramente,  hay  que  considerar la  infraestructura tecnológica  (software  y  el hardware), el soporte, Internet y las comunicaciones. Además, hay que tener en cuenta el diseño de una mesa de ayuda para los voluntarios (Help Desk), elaboración de tutoriales y redacción de documentación relacionada con  buenas  prácticas.  Por  otro lado,la/s  persona/s responsables o gestores  deben  reunir  condiciones  para  un liderazgo firme, visión, habilidades de negociación y perseverancia. Los voluntarios deben sentirse valorados y saber que su contribución marca una diferencia y que el tiempo dedicado está bien aprovechado,  (Ellis, 2014; Lara, 2014; Zarndt, 2012).

Algunos ejemplos Entre las bibliotecas más importantes que implementan proyectos de crowdsourcing se encuentra la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos con By the people, nombre que refleja el espíritu democrático de la iniciativa con el objetivo de mejorar la búsqueda, el acceso y el descubrimiento de esas páginas de la historia. Cuenta con la participación de más de 47.000 usuarios registrados, se liberaron más de 1.000.000 de páginas a través de 46 campañas. Gracias a la plataforma online desarrollada por la propia institución y cuyo código está libre para reutilizarse es posible transcribir, revisar y etiquetar los materiales seleccionados de su valioso acervo.

En una línea similar se encuentra el Smithsonian Digital Volunteers: Transcription Center, del Instituto Smithsoniano, que surge en el año 2013 y continúa hasta hoy. Es un espacio digital que conecta a los voluntarios con las colecciones históricas digitalizadas que conforman el patrimonio institucional. Las personas interesadas pueden simplemente explorar o contribuir transcribiendo y revisando los materiales disponibles. De este modo, se logra mayor accesibilidad a los fondos, se potencia el descubrimiento y se mejora la recuperación.

Más recientemente, la Biblioteca Nacional de España (BNE) lanza Comunidad BNE, una plataforma de desarrollo abierto y reutilizable que hace posible el trabajo colaborativo, abierto y distribuido sobre los datos y colecciones digitalizadas. El objetivo es difundir y crear nueva información. Los voluntarios pueden ser parte de los diferentes proyectos realizando tareas tales como transcripción de textos, georreferenciación de fotografías, transcripción de archivos sonoros o mejoramiento de la descripción del catálogo. Cuenta con más de 900 colaboradores y 33.972 contribuciones hasta la fecha.

La Biblioteca Nacional de Perú lanza, en el año 2020, La Transcriptón: recuperando nuestra memoria manuscrita, una plataforma digital colaborativa donde los voluntarios pueden contribuir con la transcripción de manuscritos que datan del siglo XVI al XX.

Mención aparte merece el proyecto Collective Wisdom liderado por la British Library junto con investigadores de la Biblioteca del Congreso de Estados Unidos y Zooniverse. La idea consiste en reunir y documentar el estado del arte en el diseño, gestión e integración de actividades de crowdsourcing aplicado al patrimonio. Uno de los objetivos principales de esta iniciativa es promover una comunidad de práctica sobre la temática y el intercambio de conocimiento.

El éxito de estas iniciativas representa una fuente de inspiración para extender esta  práctica a más bibliotecas alrededor del mundo. Para lograrlo, es necesario implementar un modelo de gestión más inclusivo, flexible, abierto y transparente para que el público pueda hacer oír su voz y contribuya con su tiempo, conocimiento y experiencia. Además, resulta fundamental que la plataforma utilizada contenga un sistema de validación para asegurar la calidad del proceso. Para lograr una sostenibilidad en el tiempo es clave generar una comunidad, como bien lo entiende la Biblioteca Nacional de España. Las bibliotecas patrimoniales que se financian con fondos públicos necesitan que la ciudadanía sea copartícipe y corresponsable de los proyectos que involucren a su herencia cultural para mejorar el acceso y explorar nuevos usos.

Bibliografía consultada

Bartlett, J. (2014). Crowdsourcing in libraries and archives. Kentucky Libraries, 78(2), pp. 6-8.

Ellis, S. (2014). A history of collaboration, a future in crowdsourcing: positive impacts of cooperation on British Librarianship. Libri. 64(1), pp.1-10.

Estellés-Arolas, E. y González-Ladrón-De-Guevara, F.  (2012) Clasificación de iniciativas de crowdsourcing basadas en 
tareas. El Profesional de la Información, vol. 21, n.º 3, pp. 283-291. Disponible en: https://revista.profesionaldelainformacion.com/index.php/EPI/article/view/epi.2012.may.09 [Consulta: 15/02/2023]

Holley, R. (2010) Crowdsourcing: How and Why Should Libraries Do it? D-Lib Magazine, vol. 16, n.º 3/4. Disponible en: 
http://www.dlib.org/dlib/march10/holley/03holley.html [Consulta: 10/03/2025]

Howe, J. (2006) The rise of Crowdsourcing. Wired, 1 de junio de 2006.

Kowalska, M. (2012). Crowdsourcing in libraries. Recuperado de http://eprints.rclis.org/18807/

Lara, T. (2014) Crowdsourcing: cultura compartida. En: Acción Cultural Española. Anuario AC/E de Cultura Digital. 
Disponible en: https://www.accioncultural.es/media/Default%20Files/activ/2014/Adj/Anuario_ACE_2014/2Crowdsourcing_TLara.pdf [Consulta: 10/03/2025]

Owens, T. (2013). Digital Cultural Heritage and the Crowd. Curator: The Museum Journal, 56(1), pp. 121-130.

Zarndt, F. (2012) Putting the world´s cultural heritage online with crowd-sourcing. IFLA Pre-Conference. Disponible en: https://www.ifla.org/wp-content/uploads/2019/05/assets/newspapers/Mikkeli/zarndt_frederick.pdf [Consulta: 19/03/2025]

Zastrow, J. (2014). The Digital Archivist: Crowdsourcing cultural heritage. Computers in Libraries, 34(8). Recuperado de http://www.infotoday.com/cilmag/oct14/index.shtml

Para saber más te invito a leer los siguientes artículos en los que se basó este post:

Dobrecky, L.P. (2023). Potenciar el patrimonio bibliográfico y documental a través de la participación ciudadana. Revista PH (Instituto Andaluz del Patrimonio Histórico), Sección Debate, no. 109, junio 2023. Disponible en: https://www.iaph.es/revistaph/index.php/revistaph/article/view/5331

Dobrecky, L. P. (2016). Crowdsourcing en bibliotecas. Biblios Journal of Librarianship and Information Science, (63), 71–77. https://doi.org/10.5195/biblios.2016.297